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Significado de las Piedras Amarillas

Las piedras amarillas son sinónimo de buenas vibras ya que el color es intenso y también representan mucha energía al compararse con el sol radiante. El color amarillo también está asociado al optimismo y la alegría, por lo que las piedras de color amarillo llevan esa energía dentro de ellas. 

La luminosidad del color amarillo se compara con la iluminación  del sol sobre la tierra que permite la vida, por lo que las gemas aportan la energía de la claridad mental para enseñar el camino a seguir.

Sin embargo al tener energías tan elevadas las piedras amarillas al ser utilizadas de manera inapropiada podrán resultar en vibras que fomenten la arrogancia y la grandeza del ego de quien las lleve, por lo que se considera a estas gemas  tienen una dualidad de mandos.

Por lo general el color amarillo está relacionado con la alegría, la juventud y la energía positiva elementos que se encuentran concentrados en el poder de todos los cristales que posee dicho color.

Muchas fueron las pruebas que se hicieron para entender que este mineral no cambiaba su consistencia química interna, logrando quedar sin ningún tipo de alteración. De aquí que las piedras de color amarillo son capaces de emanar la energía de la firmeza y claridad mental.

Para entender el valor de las piedras amarillas debemos dar un repaso por la historia, donde el oro deslumbró al hombre con su color dorado, así como también la dureza y pureza del mismo. Las características del oro pasaron a ser adquiridas por los minerales de color amarillo acogiendo las energías de carácter y sinceridad dentro de las energías que poseen.

Las piedras amarillas en la historia

El oro está ligado profundamente con todas las culturas de las civilizaciones pasadas, ya que fue símbolo no solo de poder sino también de belleza. Los egipcios se atribuyen las primeras excavaciones casi en la superficie del suelo, encontrando que era útil para fabricar objetos duraderos en el tiempo.

Antes de Cristo ya el oro era el mineral de color amarillo más conocido, comenzando a ser un elemento de pago por su alto valor. Las naciones que lo tenía eran consideradas ricas y en algunos casos eran objeto de saqueos.

Es precisamente de este relato de la antigüedad que las piedras de color amarillo son sinónimo de poder, riqueza y opulencia, todo debido al alto valor que siempre ha tenido el oro, piedra que llegó a circular como moneda en el siglo IV d.C.

El oro como todas las piedras preciosas por su color dorado ha sido motivo de adoración, adosándole poderes espirituales emanados de su luminosidad y no son pocos los relatos mitológicos en los cuales está envuelto.

Una de las historias fascinantes de la mitología es la del rey Midas, hombre muy codicioso que pretendía ser el más rico de todo el mundo a través de la posesión de más y más oro. Un día estando el en el bosque encuentra perdido al dios Sileno (dios del vino y la embriagues) que se encontraba pasando unos días de ocio en el reino de Dionisio (dios de la fertilidad y el vino) y lo ayuda a encaminarse de regreso a su estancia.

En agradecimiento el dios Dionisio le concede un deseo al dios Midas, el cual sin pensarlo le pidió la facultad de convertir todo lo que tocase en oro. 

El deseo fue concedido, y Midas comprobó sus facultades logrando convertir todo a su paso en oro. Mando entonces a recoger con sus sirvientes sus riquezas y cansado de la labor efectuada regresó a su castillo montándose en su corcel, pero este no pudo cabalgar porque se convirtió en oro.

Este deseo se transformó en una maldición para el rey Midas al no poder alimentarse y ni siquiera abrazar a su hija, ya que todo pasaba a ser convertido en oro. Desesperado, moribundo y arrepentido le pide a Dionisio que le retire el don, cosa que sucedió luego de purificarse en el río Pactolo.

Del relato anterior se desprende la dualidad de las piedras amarillas, cuya energía puede ser negativa al no ser administrada debidamente y despertar la codicia en la gente que las tiene pudiéndola llevar hasta la ruina.

Los aztecas tienen una leyenda que ha pasado de generación en generación, donde se relata la caída directa a las manos de Manco Capac fundador de la cultura Inca  de tres huevos provenientes del cielo, uno de oro, otro de plata y el último de bronce.

Su madre ordenó la fabricación de adornos con los tres minerales, los cuales fueron colocados sobre la frente y hombros de Manco, luego le ordenó subir a la punta de una colina para que con el resplandor del sol todos pudieran ver su conversión en un ser radiante, desde allí se le reconoció como el hijo del sol.

Las piedras amarillas poseen esta connotación al ser expuestas al sol radiando sus bellos destellos amarillos, sinónimo del poder del astro que da energía a todo lo que toca.

Para los budistas las piedras amarillas especialmente el oro está relacionado con la espiritualidad. El hecho que el mineral brille al ser tocado por la luz del sol significa que saca de su interior el poder de despertar la luz interna que hay en los hombres, reflejo de la más sublime espiritualidad y cuando se ha llegado a este estado supremo se es capaz de esparcir esa espiritualidad al resto del mundo.

Cuando queremos agrupar las gemas de color amarillo que se encuentran en el mercado estaremos hablando del citrino, zafiro amarillo, turmalina, berilio, diamante, crisoberilio, ópalo de fuego, topacio imperial muy difícil de conseguir por su rareza.

El estudio de cada piedra antes de adquirirla ayuda a saber cuáles son sus potencialidades, por ejemplo el citrino aleja las malas vibras y el topacio imperial es sinónimo de ambición, hay una para cada menester.

Las piedras amarillas tienen un significado ambivalente como hemos visto, pueden potenciar las vibras positivas, la sabiduría mediante decisiones acertadas, pero también pueden despertar la ambición desmedida en personas codiciosas.

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